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No te arrepientas de haber vivido

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Vivir es, inevitablemente, arriesgarse a sufrir. Arriesgarse a sentir.

Hay sensaciones que guardamos dentro para poder sobrevivir, sin salir ilesos.

Pero a veces debemos apostar. Para intentar ganar. No siempre podemos quedarnos sentados en el banquillo por miedo a lesionarnos, por miedo a perder si jugamos.

Porque de esta manera, la vida nos pasaría inadvertida sin haberla vivido.

A veces hay que vivir antes de que sea demasiado tarde. No podemos esperar al momento perfecto, sino crear del momento imperfecto, la oportunidad perfecta.

A veces llegan personas a nuestra vida para recordarnos que es momento de salir a vivir. Y arriesgar. Probar, equivocarnos y aprender. Seguir al corazón. Pues si actuamos siguiendo al corazón, no nos habremos equivocado.

Aunque las cosas no salgan como esperamos, como nos hubiera gustado que saliesen, salen como deberían haberlo hecho, para hacernos más fueres, más sabios, más resilientes. Todo lo que sucede tiene un motivo de ser. Para ambos. En forma de recuerdos y en forma de aprendizajes.

Hay semanas que se acaban dejándonos un sabor agridulce en la boca.

A veces debemos arriesgar y apostar por vivir. Aun si corremos el riesgo de salir dañados.

Pero son esas cicatrices las que nos recuerdan que estamos vivos.

Son esas cicatrices las que guardan historias.

Somos las historias que se esconden detrás de nuestras cicatrices.

Y puede que todavía no sepamos el por qué las cosas. Pero que más da. La vida está para improvisarla, para vivirla, para recordarla.

 

Becca Lago


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